El Col·legi de Metges de Tarragona lamenta profundament la seva mort. La Junta de Govern del COMT vol transmetre el seu condol als familiars i amics.
Data neixement
19/05/1931
Data defunció
05/06/2026
Especialitat
Médico de familia
El Dr. Joan Poll Cirera fue, por encima de todo, un médico de familia en el sentido más profundo del término: un profesional entregado al cuidado de las personas y un hombre profundamente comprometido con su familia, su comunidad y su vocación de servicio. Nacido en Gràcia (Barcelona) el 19 de mayo de 1931, desarrolló una trayectoria médica marcada por la cercanía, el rigor y una forma de entender la medicina basada tanto en el conocimiento como en la humanidad.
El primer recuerdo que Joan Poll Cirera conservaba de su infancia era un triciclo rojo. Se veía a sí mismo recorriendo el piso de Gràcia con apenas tres años, en aquella casa donde convivían abuelos, madre, hermana y bisabuela, y donde la vida transcurría entre una cocina grande, convertida en corazón del hogar, y un comedor que también hacía de peluquería. Allí, en ese universo doméstico lleno de voces, afectos y generaciones entrelazadas, empezó a forjarse la mirada de quien, con los años, haría del cuidado de los demás la razón de su vida.
No es casual que el título que eligiera para sus memorias fuera Joan Poll Cirera, un metge de família: esa expresión resume con precisión la esencia de su vida, que estuvo marcada por una doble fidelidad: a la medicina y a la familia, dos ámbitos que entendió siempre desde el compromiso, la entrega y el cuidado
Aunque nunca explicó de forma concluyente cómo nació su vocación médica, sí dejó claro que la medicina, para él, fue siempre una forma de servicio. Estudió en el Hospital Clínic de Barcelona, orientándose inicialmente hacia la especialidad quirúrgica, y ya en los últimos años de carrera comenzó a colaborar como voluntario en el Somorrostro, el histórico y populoso barrio de barracas de Barcelona, una experiencia que reforzó su contacto directo con la realidad social y con los pacientes más vulnerables.
A menudo decía que al terminar la carrera aún no sabía realmente medicina, y que el verdadero aprendizaje llegó después: en el trato diario con los enfermos, en la escucha, en la observación y en una disciplina de estudio que mantuvo durante más de cuarenta años de ejercicio profesional. Esa combinación de humildad intelectual y constancia fue una de sus señas de identidad.
Su trayectoria profesional estuvo ligada a distintos destinos y etapas que lo convirtieron en un médico profundamente conectado con el territorio y con las personas. Su primer destino fue para hacer unas sustituciones en L’Hospitalet, donde recibió los primeros sueldos y empezó a construir su proyecto de vida. Quería ganar dinero para construir un piso encima de la casa de sus padres y poder casarse con Adela Moliner, practicante y matrona, la mujer con la que compartiría no solo una vida, sino también una vocación de cuidado. Se casaron en Montserrat el 12 de junio de 1958, y juntos formaron una pareja unida por el trabajo, la familia y una entrega silenciosa pero constante a los demás.
Recién casados iniciaron una etapa en la medicina rural que marcó profundamente su forma de ejercer. En Torrelavit, como en otros pueblos donde trabajó, fue recibido como “el señor médico”, pero su relación con los vecinos fue mucho más allá del respeto profesional: fue una relación de confianza, proximidad y ayuda mutua. En un contexto en el que muchas familias tenían dificultades para costearse los tratamientos y donde el médico era también una figura de referencia social, Joan Poll buscaba siempre soluciones que aliviaran esa carga, recetando cuando podía fórmulas magistrales más asequibles. Ese gesto, aparentemente pequeño, revela con claridad su manera de practicar la medicina: con criterio clínico, sí, pero también con sensibilidad social y una gran empatía hacia las condiciones de vida de sus pacientes.
A lo largo de los años ejerció en Torrelavit, Albinyana, La Almúnia, Gavà, Vila-seca, Salou y finalmente Tarragona, donde culminó su carrera profesional y se jubiló. En todos esos destinos dejó una huella que iba más allá de la consulta. Fue un médico presente en la vida cotidiana de los pueblos y ciudades donde trabajó, integrado en la comunidad, cercano a sus pacientes y capaz de tejer amistades duraderas, como la que mantuvo con el sacerdote de Albinyana, “El Cori”. Su faceta humana se percibe también en esos recuerdos de juventud y madurez compartida: el médico que jugaba al fútbol con los vecinos, que se lesionaba, que se curaba con esparadrapo y que volvía a jugar el domingo siguiente. En esa imagen hay algo esencial de su carácter: sencillez, vitalidad, sentido del humor y una gran capacidad para formar parte de la vida de los demás sin distancia ni solemnidad.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como un médico riguroso, trabajador y profundamente humano. Pero quizá la mejor medida de lo que fue no está en sus cargos ni en los destinos donde ejerció, sino en el afecto que dejó sembrado. Cuando se jubiló en Tarragona, pensó que su etapa como médico había terminado. Sin embargo, poco después, fueron sus propios pacientes quienes le demostraron lo contrario: organizaron para él un homenaje multitudinario, espontáneo, nacido únicamente de la gratitud. Más de doscientas cincuenta personas quisieron acompañarlo. Hubo placas, discursos y reconocimientos, pero una frase quedó por encima de todas y le acompañó especialmente en sus últimos años: “Solo una buena persona puede llegar a ser un gran médico”.
Esa frase sintetiza la figura del Dr. Joan Poll Cirera, un médico de amplia trayectoria, sí, pero, sobre todo, fue una persona buena. Un profesional que entendió la medicina como una responsabilidad cotidiana, ejercida con rigor, humildad y vocación de servicio; y un hombre que hizo de la familia, la amistad y el compromiso con los demás el eje de su vida.
El Dr. Joan Poll Cirera falleció el 5 de junio de 2026 en Vinaròs, dejando tras de sí el recuerdo de una vida plenamente dedicada a cuidar. Su trayectoria permanece como ejemplo de una medicina humanista, próxima y profundamente comprometida con las personas.
Por Álex Saldaña
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