Alirio Sánchez Navarro

El Col·legi de Metges de Tarragona lamenta profundament la seva mort. La Junta de Govern del COMT vol transmetre el seu condol als familiars i amics.

Hay médicos que dejan huella por sus conocimientos y otros que lo hacen por la forma en que tratan a las personas. El doctor Alirio Sánchez Navarro pertenecía a esa categoría capaz de reunir ambas cualidades: un extraordinario profesional y, sobre todo, un ser humano excepcional.

Nacido en los Andes venezolanos el 3 de agosto de 1955, cursó sus estudios de Medicina en la Universidad de los Andes. Posteriormente realizó la especialización en Medicina Interna en Valencia (Venezuela) y completó su formación como neumólogo en el Hospital Clínico Universitario de Caracas. Aquellos años de residencia marcaron el inicio de una trayectoria caracterizada por el rigor clínico, la curiosidad intelectual y una profunda dedicación al paciente.

Fue precisamente durante esa etapa cuando conoció al doctor Evelio Blain, quien conserva un recuerdo imborrable de aquellos años compartidos. «Yo era residente de primer año y él, de tercero», recuerda. «Era un hombre con una calidad humana extraordinaria y una calidad profesional increíble», añade. «Sus historias clínicas eran las más completas. Examinaba a cada paciente con un nivel de detalle extraordinario y dejaba constancia de todos los antecedentes. Entre los médicos era habitual escuchar que, si una historia la había hecho Alirio, era digna de la máxima confianza». Esa meticulosidad nunca fue fruto del perfeccionismo, sino de una convicción profunda: detrás de cada historia clínica había una persona que merecía toda su atención. Era, pues, respeto. Respeto por el paciente, por la profesión y por la enorme responsabilidad que supone tomar decisiones sobre la salud de una persona.

Tras desarrollar buena parte de su carrera en distintos centros sanitarios de Venezuela, emprendió una nueva etapa profesional en España. Como tantos médicos venezolanos, homologó su título y comenzó una nueva vida en Cataluña, donde aportó toda su experiencia al sistema sanitario.

Entre 2017 y 2018 coincidió de nuevo con el doctor Blain en el Hospital Comarcal de Móra d’Ebre. Allí trabajaron puerta con puerta, compartiendo numerosos pacientes cuyas patologías requerían la colaboración entre neumología y gastroenterología. Aquella cercanía permitió reforzar una amistad nacida décadas atrás.

Más adelante fue incorporado al Hospital Sant Joan de Reus para impulsar el desarrollo de la Unidad de Apnea del Sueño. Aunque pudiera parecer un ámbito menos visible dentro de la neumología, asumió el proyecto con la misma responsabilidad que había caracterizado toda su carrera. Comprendía la enorme trascendencia que el diagnóstico y tratamiento de la apnea del sueño tienen sobre la salud cardiorrespiratoria y vascular de los pacientes, y dedicó a esta labor toda su experiencia hasta el último momento.

Hace aproximadamente tres años recibió el diagnóstico de enfermedad de Parkinson. El deterioro fue progresivo y comenzó a afectar especialmente a su capacidad para hablar. Sin embargo, nunca permitió que la enfermedad disminuyera su compromiso con los pacientes. Continuó trabajando mientras sus fuerzas se lo permitieron. Solo cuando la evolución de la enfermedad hizo imposible mantener la actividad asistencial, el hospital tramitó su jubilación. Para quienes compartieron con él aquellos años, su actitud representó una lección de responsabilidad y entrega.

Pero si algo definía a Alirio Sánchez era su forma de entender la vida fuera de la consulta. En Venezuela conoció a Marisol, médica internista, compañera de profesión y también de vida. Juntos formaron una familia de la que siempre se sintió profundamente orgulloso. Tuvieron dos hijos: un ingeniero y una médica de familia. Cuando su esposa desarrolló la enfermedad de Alzheimer, él asumió sus cuidados con la misma entrega con la que había cuidado durante décadas de sus pacientes. Fue un esposo profundamente comprometido, un padre ejemplar y un hombre de una enorme sensibilidad.

Poseía además una amplia cultura humanística. Disfrutaba de la filosofía y de la literatura; hasta los últimos días seguía leyendo a Friedrich Nietzsche. Conversar con él era siempre un ejercicio estimulante, lleno de referencias, reflexión y buen humor.

Quienes le conocieron coinciden en un rasgo que iba mucho más allá de su brillantez profesional: su actitud ante la vida. Nunca perdía la sonrisa. Nunca tenía una mala palabra para nadie. Afrontó las dificultades con serenidad, optimismo y una admirable fortaleza interior.

El doctor Alirio Sánchez Navarro falleció el 16 de abril de 2026, dejando tras de sí el recuerdo de un médico excelente y de una buena persona. Su legado no se mide únicamente en diagnósticos acertados o en proyectos hospitalarios desarrollados. Se encuentra también en la confianza que transmitía a sus pacientes, en el respeto que despertaba entre sus compañeros y en el ejemplo de humanidad que ofreció a quienes tuvieron la fortuna de conocerlo.

Por Álex Saldaña


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