Dr. Sergi Boada, presidente del Colegio Oficial de Médicos de Tarragona. Artículo de opinión publicado en el Diari de Tarragona el 10 de julio de 2026.
Con motivo de la bienvenida a la nueva promoción de médicos residentes, el Dr. Sergi Boada, presidente del COMT, firma un artículo de opinión sobre el sistema MIR: un modelo formativo que combina conocimiento, responsabilidad progresiva y práctica clínica, y que constituye uno de los grandes patrimonios de nuestro sistema sanitario.
El pasado viernes, el Colegio de Médicos de Tarragona dio la bienvenida a una nueva promoción de médicos residentes. Es un acto cargado de ilusión, pero también una magnífica oportunidad para recordar una realidad que a menudo pasa desapercibida: cuando un estudiante termina la carrera de Medicina todavía no es especialista. De hecho, es justo entonces cuando comienza la parte más exigente de su formación.
Mucha gente piensa que el MIR es simplemente un examen. Pero el MIR es mucho más que eso. Es un modelo de formación que combina conocimiento, responsabilidad progresiva, supervisión y práctica clínica durante cuatro, cinco o incluso seis años, según la especialidad. Es un sistema que ha convertido la medicina española en un referente internacional y que constituye uno de los grandes patrimonios de nuestro sistema sanitario.
La medicina no se aprende solo en los libros. Se aprende junto a los pacientes, compartiendo decisiones con profesionales experimentados, asumiendo responsabilidades de manera progresiva y aprendiendo que detrás de cada diagnóstico hay una persona que confía plenamente en el criterio de su médico.
En medicina no basta con saber. Hay que aprender a decidir. Y esa capacidad solo se adquiere con tiempo, experiencia y un sistema docente de calidad.
Cada especialista que hoy opera un tumor, diagnostica una enfermedad compleja o trata a un paciente crítico es también el resultado de cientos de horas compartidas con tutores que le han transmitido conocimientos, criterio clínico, prudencia y una manera de entender la profesión. La calidad asistencial no aparece por casualidad; es el resultado de un proceso formativo extraordinariamente exigente.
Por eso preocupa cualquier reforma que pueda debilitar este modelo. Formar un especialista no consiste solo en cubrir plazas o reducir plazos. Consiste en garantizar que, cuando un médico ejerza de manera autónoma, esté plenamente preparado para asumir una de las responsabilidades más grandes que existen: la salud de las personas.
Si queremos seguir contando con una medicina de excelencia, también debemos cuidar a quienes forman. Hay que reconocer la labor de los tutores, dotar adecuadamente las unidades docentes y preservar un sistema MIR que ha demostrado durante décadas su capacidad para formar a algunos de los mejores especialistas de nuestro entorno.
Cuando damos la bienvenida a los nuevos residentes no solo celebramos el inicio de una etapa profesional. Celebramos que el conocimiento sigue pasando de una generación de médicos a la siguiente. Porque la confianza que depositamos en un médico cuando más lo necesitamos no empieza el día en que este obtiene su título universitario. Empieza muchos años después, gracias a un modelo de formación que ha entendido que, en medicina, la calidad también se ha de formar.
