Cuando una urgencia deja de ser una urgencia

Dr. Sergi Boada, president del Col·legi Oficial de Metges de Tarragona. Article d’opinió publicat al Diari de Tarragona el 24 de juliol de 2026.

En los últimos días se ha reabierto el debate tras la decisión de algunos hospitales de permitir que profesionales de enfermería atiendan de forma autónoma determinados procesos considerados de “baja complejidad” en los servicios de Urgencias. Algunos lo presentan como una modernización del sistema; otros, como una invasión de competencias.

Si una consulta puede resolverse íntegramente sin valoración médica, ¿podemos seguir considerándola una urgencia hospitalaria?

Una urgencia no se define porque el paciente sea atendido con rapidez ni porque el motivo de consulta parezca sencillo. Se define porque existe la posibilidad de una patología potencialmente grave que exige diagnóstico diferencial, toma de decisiones y responsabilidad clínica. Si ese riesgo no existe, quizá el problema no sea quién atiende al paciente, sino por qué ese paciente ha terminado en un servicio de Urgencias.

Cuando un sistema sanitario entra en tensión siempre existen dos formas de actuar. La primera consiste en transformar la organización para responder mejor a las necesidades de los pacientes. La segunda, en adaptar las competencias profesionales a las carencias del sistema. La primera es más compleja. La segunda es más rápida. Pero también es más arriesgada.

Las competencias profesionales no pueden redefinirse únicamente por criterios organizativos. Deben responder a la formación, a la evidencia científica, a la responsabilidad asumida y, sobre todo, a la seguridad del paciente. Porque competencia y responsabilidad son inseparables. Cuando un paciente es atendido sin valoración médica y posteriormente se diagnostica una patología grave, la pregunta no es solo quién lo atendió. La verdadera pregunta es quién asume la responsabilidad clínica.

Este no es un debate entre médicos y enfermeras. La sanidad moderna solo puede entenderse desde el trabajo en equipo, y cada profesión aporta un valor imprescindible. Precisamente por eso, los roles deben estar bien definidos. Trabajar conjuntamente no significa diluir competencias, sino integrarlas de forma coherente, segura y complementaria.

Las competencias profesionales no existen para proteger profesiones. Existen para proteger a los pacientes. Cuando se modifican para resolver problemas estructurales del sistema, el debate deja de ser competencial. Se convierte en una cuestión sobre qué modelo de sanidad queremos construir. Y esa es una decisión que merece un debate profundo, sereno y, sobre todo, centrado siempre en la seguridad de los pacientes.