Dr. Sergi Boada, presidente del Colegio Oficial de Médicos de Tarragona. Artículo de opinión publicado en el Diari de Tarragona el 2 de octubre de 2026.
Hace unos días atendí a una paciente de más de noventa años. A pesar de su edad, sigue siendo una mujer activa. Buena parte de su motivación para mantenerse así es poder cuidar de su marido, aún mayor que ella.
Su familia, como tantas hoy, vive lejos. Hijos, nietos y bisnietos han estudiado, se han formado y han construido sus vidas allí donde han encontrado mejores oportunidades. No hay abandono ni desinterés. Hay, simplemente, una familia del siglo XXI.
Ella viene periódicamente a la consulta porque necesita controlar el dolor. Pero hay algo que siempre me impresiona: no quiere encontrarse bien solo por ella. Necesita encontrarse bien para poder seguir cuidándolo a él.
En la última visita me dijo una frase que todavía me acompaña:
«Doctor, mi vida ya no es bonito vivirla».
No la corregí. Ni siquiera mentalmente. Porque en aquellas palabras aparentemente imperfectas había una descripción demasiado perfecta de una realidad que quizá no queremos mirar: ¿qué ocurre cuando una persona envejece y la red que durante toda la vida la ha sostenido ya no está a su lado?
Durante generaciones, buena parte de los cuidados descansaron sobre una infraestructura que casi nunca aparecía en los presupuestos: la familia.
Esta sociedad ha cambiado. Las familias son más pequeñas, vivimos más años y nuestros hijos estudian y trabajan allí donde encuentran oportunidades. Y que puedan hacerlo es, en buena medida, un éxito buscado.
Cuando esa red familiar desaparece o vive a cientos de kilómetros, la protección social debería ser capaz de ocupar parte de ese espacio. Y, demasiadas veces, llega tarde, es insuficiente o obliga a superar una carrera burocrática especialmente difícil para quien, precisamente, es más vulnerable.
Mi paciente seguirá viniendo. Intentaremos controlar su dolor para que pueda continuar haciendo aquello que da sentido a sus días: cuidar de su marido.
Pero su frase debería interpelarnos a todos.
