Mi propuesta de hoy es más bien un juego que una receta. Seguro que tenéis algún amigo que presume de ser un gastrónomo de alto nivel, mucho más entendido que cualquier chef experto… Vamos a comprobarlo.

Introducción

Hace más de quince años, la doctora Laura Canadell (mi farmacéutica favorita) me proporcionó esta receta. Me la presentó como un “rancho para la chiquillería”, pero yo la he rebautizado como “rancho canalla”.

La gracia de este plato está en organizar una comida con amigos que se consideran expertos cocineros, con conocimientos vanguardistas en gastronomía moderna.

Ingredientes

  • Una bandeja de muslos de pollo (jamoncitos) del supermercado
  • Un vaso (aprox. 300 ml) de ketchup
  • Un vaso de Coca-Cola
  • Un chorrito de whisky
  • Sal y pimienta
  • Aceite (del tipo que prefiráis)

Preparación

En una sartén, dorad los muslos de pollo previamente salpimentados. Añadid un chorrito de whisky si no van a comer niños.

Pasadlos a una cazuela y añadid el vaso de ketchup y el de Coca-Cola. Dejad que hierva suavemente y que la salsa se reduzca casi por completo.

Presentación

Os quedarán los muslos crujientes y caramelizados, con la carne tierna y la salsa dulce. Acompañadlos con buen pan y un vino rosado bien frío —de esos que los sumilleres desprecian— y Coca-Cola familiar si hay jóvenes.

Para una presentación elegante, haced unos flecos con papel de aluminio y colocadlos alrededor del extremo de cada muslo. Presentadlos en una bandeja con los flecos hacia fuera para no mancharse los dedos.

El secreto

Todo el mundo quedará sorprendido y alabará los exquisitos sabores de este plato. Pero… que a nadie se le ocurra revelar el método. En casa, mantened cara de póker y responded, por favor, que está hecho con los mismos ingredientes que utilizan los chinos para el “pato Pekín” o pato lacado. A callar y a reír (por dentro).