Núria Amigó Bonet

El Col·legi de Metges de Tarragona lamenta profundament la seva mort. La Junta de Govern del COMT vol transmetre el seu condol als familiars i amics.

La doctora Núria Amigó Bonet dedicó su vida a cuidar de los demás con una mezcla poco común de profesionalidad, sensibilidad y vocación humana. Nacida en Barcelona el 19 de julio de 1967, creció en el seno de una familia profundamente vinculada a la Conca de Barberà y al territorio de Tarragona por sus raíces en La Espluga de Francolí, localidad de la que eran originarios sus padres. Desde muy joven, Núria desarrolló una clara vocación médica que con los años se convirtió en pasión. Aunque no provenía de una familia de médicos, admiraba profundamente esa profesión y pronto entendió que quería dedicar su vida a ayudar a las personas.

Se licenció en Medicina en la Universidad Autónoma de Barcelona, formándose en el Hospital de Sant Pau. Tras licenciarse en 1991, su primer destino fue el hospital Son Dureta, entonces el centro de referencia en Mallorca, donde estuvo un año como residente. Luego repitió el MIR y completó la especialidad de anestesiología en el Hospital Arnau de Vilanova de Lleida, donde permaneció entre los años 1994 y 1997. Después su trayectoria profesional la llevó por distintos centros, entre ellos el hospital de Santa Tecla de Tarragona, hasta consolidarse en el Pius Hospital de Valls, donde llegó a ser jefa del servicio de anestesiología y donde dejó una huella imborrable tanto entre compañeros como entre pacientes.

Más allá de su sólida preparación médica y de su reconocido criterio clínico, Núria destacaba por la cercanía con la que trataba a las personas. Muchos vecinos de La Espluga de Francolí, cuando acudían al hospital de Valls –el de referencia para los habitantes de la Conca de Barberà–, buscaban directamente su presencia porque encontraban en ella algo más que una doctora: encontraban calma, confianza y humanidad en momentos de incertidumbre y miedo. Ella entendía la medicina no solo como una ciencia, sino también como un acompañamiento emocional y humano y estaba encantada de prestarles su atención.

Entregada completamente a su profesión, se mantenía siempre al día de los avances de su especialidad, guiada por una enorme curiosidad intelectual y un gran sentido de la responsabilidad. Quienes trabajaron con ella destacan su intuición clínica, su capacidad de observación y su compromiso constante con los pacientes.

Fuera del ámbito hospitalario, Núria era una mujer sensible y profundamente vital. Madre de tres hijas —Berta, Irene y Laura—, vivía en Tarragona y disfrutaba de las pequeñas cosas: caminar al aire libre, cuidar el jardín, leer durante horas –era una gran lectora– y dejarse llevar por la música y la ópera, dos de sus grandes pasiones. Era también una persona comprometida con Catalunya, su cultura y su entorno.

Tras superar los años más duros de la pandemia, fue diagnosticada de un cáncer que afrontó con la misma serenidad y fortaleza con la que había acompañado a tantos pacientes a lo largo de su vida. Falleció el 15 de mayo de 2026 en el Hospital Sant Joan de Reus.

Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer entrañable, generosa y profundamente humana; una médica vocacional que convirtió la empatía y la entrega en la esencia de su manera de entender la medicina y la vida.

Por Álex Saldaña


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