Dr. Sergi Boada, presidente del Colegio Oficial de Médicos de Tarragona. Artículo de opinión publicado en el Diari de Tarragona el 03 de julio de 2026.
Cada vez que los médicos reclamamos un Estatuto propio aparece inevitablemente la misma pregunta: ¿por qué una profesión debería tener una regulación específica? Es una pregunta legítima. Y precisamente por eso conviene responderla con claridad.
La realidad es que los médicos no pedimos un Estatuto propio porque nos consideremos más importantes que otras profesiones. Lo pedimos porque nuestra actividad tiene unas características singulares que difícilmente encajan en modelos laborales pensados para otros ámbitos.
Pocas profesiones exigen más de diez años de formación antes de poder ejercer con plena autonomía. Pocas asumen la responsabilidad directa de tomar decisiones que pueden determinar la vida, la salud o la muerte de una persona. Pocas desarrollan su actividad de forma continuada durante noches, fines de semana y festivos a lo largo de toda una vida profesional.
Hoy, muchas de las normas que regulan el ejercicio médico son las mismas que se aplican a actividades profesionales con responsabilidades, itinerarios formativos y condiciones de trabajo completamente diferentes. Esto genera situaciones difíciles de explicar.
Resulta difícil entender que las guardias, imprescindibles para garantizar la atención sanitaria las 24 horas del día, sigan sin un reconocimiento plenamente adaptado a la responsabilidad y la exigencia que conllevan. Del mismo modo, cuesta entender que una profesión que exige una actualización permanente de los conocimientos no disponga de un marco específico que proteja adecuadamente esta realidad.
Cuando hablamos de un Estatuto propio no estamos hablando únicamente de salarios o de condiciones laborales. Hablamos de reconocimiento profesional. Hablamos de formación. Hablamos de responsabilidad. Hablamos de conciliación. Hablamos de liderazgo clínico. Y, sobre todo, hablamos de garantizar que los profesionales que deben tomar las decisiones más complejas del sistema sanitario dispongan de las condiciones adecuadas para hacerlo.
Esta reivindicación no beneficia únicamente a los médicos. También beneficia a los pacientes. Por eso los médicos pedimos un Estatuto propio. No es una cuestión de privilegios. Es una cuestión de reconocer una realidad profesional singular que, en definitiva, existe para garantizar que cuando cualquier ciudadano necesite un médico, este pueda ejercer en las mejores condiciones posibles.
