El Col·legi de Metges de Tarragona lamenta profundament la seva mort. La Junta de Govern del COMT vol transmetre el seu condol als familiars i amics.
Data neixement
15/02/1947
Data defunció
27/03/2026
Especialitat
Medicina Interna
El Dr. Jordi Mariné Rebull nació en Vila-seca el 15 de febrero de 1947. Hijo de Juan y Teresina, creció en una familia sin tradición médica previa, aunque su abuelo y su bisabuelo fueron los primeros farmacéuticos de Vila-seca. En todo caso, él fue el primero de la familia en ejercer la medicina, una vocación en la que se formó en Barcelona. Al terminar la carrera, inició el 29 de marzo de 1974 una trayectoria inseparable del Hospital Joan XXIII de Tarragona, institución a la que dedicaría toda su vida profesional. Allí coincidió desde el primer momento con quien sería su compañero y amigo inseparable, el doctor Santiago Alonso, que empezó a trabajar en el hospital de Tarragona un día después. Tan unidos estaban que muchos los conocían cariñosamente como “Zipi y Zape”.
Jordi Mariné, siempre acompañado por Santiago, comenzó su formación como médico interno y residente en Pediatría, aunque pronto descubrió que su vocación se inclinaba más por la Medicina Interna. Bajo la dirección del doctor José Luis Piqueras, participó después en un proyecto pionero: la creación de la primera Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Joan XXIII, con el Dr. Juan José Guardiola como jefe, un departamento al que luego se incorporarían los doctores Carlos Torre y Valentín Vidal. Empezaron prácticamente desde cero, con apenas seis camas y recursos limitados, pero con una enorme ilusión y compromiso. Aquella unidad, ubicada en la cuarta planta del hospital, acabaría convirtiéndose en un referente y crecería hasta las catorce camas. Jordi Mariné dedicó allí toda su carrera, contribuyendo decisivamente al desarrollo de la medicina intensiva y formando a generaciones de médicos que siempre lo recordaron como un maestro cercano y generoso. De hecho, entre los primeros residentes que con el transcurso de los años se fueron incorporando al servicio se hallaban la actual jefa de Urgencias del Hospital Universitario Joan XXIII, Carmen Boqué, y la hoy jefa del Servicio de Medicina intensiva del mismo centro, María Bodí, por quienes el Dr. Mariné sentía un gran aprecio profesional y personal.
Quienes trabajaron a su lado destacan de él su enorme profesionalidad, su inteligencia y una memoria prodigiosa, pero sobre todo su humanidad. Era un médico profundamente implicado con sus pacientes, atento y empático, capaz de crear vínculos sinceros con quienes atendía. Incluso fuera del hospital seguía ejerciendo esa vocación de servicio: era habitual que alguien lo detuviera por la calle para pedirle consejo médico, y él siempre encontraba tiempo para escuchar y ayudar. Fue uno de esos médicos que dejan huella no solo por su excelencia profesional, sino también por su calidad humana, su cercanía y su capacidad de entrega a los demás.
En el ámbito personal, Jordi Mariné conoció a su esposa, la reusense Josepa Fortuny, durante una bailada de sardanas en Vila-seca gracias a un amigo común. Se casaron en 1978 y compartieron toda una vida juntos. Formaron una familia con sus dos hijas, Silvia y Laia, de las que Jordi se sentía profundamente orgulloso. Fue un padre cariñoso y entregado, de carácter afable y conciliador, y disfrutó intensamente de sus cuatro nietos. Su hija pequeña, Laia, siguió parcialmente sus pasos profesionales y se convirtió en traumatóloga.
Aunque el trabajo ocupó gran parte de su vida –su mujer bromeaba a menudo diciendo que veía más a Santiago Alonso que a ella–, Jordi también fue un hombre sencillo y cercano, siempre dispuesto a colaborar en casa y atento con todo el mundo. Tras su jubilación soñaba con dedicar más tiempo a estudiar Historia, reflejo de una curiosidad intelectual que nunca perdió, o incluso a hacer de agricultor, un oficio al que se dedicó su padre y que él practicaba durante las vacaciones escolares.
El Dr. Jordi Mariné falleció en Tarragona el 27 de marzo de 2026. Quienes lo conocieron coinciden en definirlo como una persona encantadora, bondadosa y querida por todos. Deja el recuerdo de una vida dedicada a cuidar de los demás, ejercida con vocación, humildad y una extraordinaria humanidad.
Por Álex Saldaña
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