Cada vez que hablamos de transformar el sistema sanitario acabamos hablando de lo mismo: necesitamos más profesionales, más quirófanos, más tecnología y más recursos. Probablemente sea cierto. Pero hay una pregunta mucho más incómoda que nos hacemos pocas veces: de todo lo que ya hacemos, ¿qué es lo que aporta realmente valor al paciente?
Estos días se han vuelto a poner sobre la mesa estudios que cuestionan la eficacia de algunas intervenciones quirúrgicas habituales como la artroscopia de rodilla. Cuando se han comparado con una cirugía simulada, las diferencias en los resultados han sido sorprendentemente pequeñas.
La conclusión fácil sería afirmar que estas operaciones no sirven o que todo es un efecto placebo. Sería una simplificación. La conclusión interesante es otra: la medicina necesita revisar permanentemente no solo aquello que incorpora, sino también aquello que mantiene.
Estamos muy acostumbrados a innovar añadiendo. Nuevos fármacos, nuevas técnicas, nuevas pruebas, nuevos dispositivos. Cada incorporación genera expectativas y a menudo también más actividad. Pero nos cuesta mucho más retirar una práctica cuando la evidencia demuestra que aporta poco valor.
Esto tiene un nombre: desinversión sanitaria. Y no significa recortar. Significa dejar de destinar recursos a prácticas de poco valor para poder dedicarlos allí donde realmente mejoran la salud de los pacientes. Cuando una lista de espera crece, la respuesta acostumbra a ser intentar operar más. Más horas de quirófano, más actividad extraordinaria, más recursos. Quizás antes deberíamos hacernos otra pregunta: ¿estamos operando todo aquello que hay que operar y solo aquello que hay que operar?
Y no hablo solo de cirugía. También deberíamos revisar procedimientos intervencionistas, pruebas diagnósticas, tratamientos farmacológicos, controles o visitas sucesivas. Ninguna especialidad debería quedar al margen de esta revisión. Se liberarían quirófanos, pruebas, consultas o profesionales para estar disponibles para otro paciente que quizás sí los necesita.
Para hacer este cambio hará falta algo más que protocolos. Hay que medir resultados, compararlos, dar autonomía a los profesionales y permitir que sean los equipos clínicos los que identifiquen qué aporta valor y qué podemos dejar de hacer. La eficiencia también es una forma de calidad asistencial.
En medicina, innovar no siempre significa empezar a hacer algo nuevo. A veces, innovar es tener el coraje de dejar de hacerlo.