El Col·legi de Metges de Tarragona lamenta profundament la seva mort. La Junta de Govern del COMT vol transmetre el seu condol als familiars i amics.
Data neixement
29/03/1945
Data defunció
13/06/2026
Especialitat
Médico de familia
Hablar del Dr. Santiago Medrano Lozano es hacerlo de una manera de ejercer la medicina basada en la cercanía, la escucha y el compromiso con las personas. Durante décadas fue uno de esos médicos que marcaron a varias generaciones de tarraconenses, no solo por su capacidad clínica, sino por la confianza que inspiraba y por la calidad humana con la que acompañaba a sus pacientes.
Nació el 29 de marzo de 1945 en Palma de Mallorca, aunque fue casi una circunstancia del destino. Sus padres, de origen navarro, viajaban con frecuencia por cuestiones laborales. Apenas era un recién nacido cuando su familia se instaló primero en Lleida y, poco después, en Tarragona, la ciudad que acabaría sintiendo como propia y de la que nunca quiso marcharse. Su padre fue director del Diario Español, posteriormente Diari de Tarragona, y en esta ciudad creció Santiago junto a su hermano mayor.
Su infancia estuvo marcada por un episodio que la familia nunca olvidó y que estuvo a punto de costarle la vida. Siendo muy pequeño sufrió una grave intoxicación tras ingerir accidentalmente un producto corrosivo que una tía confundió con un medicamento. Su madre rezó a Dios y prometió entonces que, si sobrevivía, sería sacerdote. Aquella promesa hizo que ingresara durante unos años en el seminario. Aunque pronto comprendió que esa no era su verdadera vocación, aquella etapa dejó una profunda huella en él, proporcionándole una sólida formación humanística y una gran inquietud intelectual que le acompañarían durante toda su vida.
Su auténtica vocación era ayudar a los demás, y encontró en la medicina el mejor camino para hacerlo. Estudió la carrera en Barcelona, desplazándose diariamente desde Tarragona, sin llegar nunca a instalarse en la capital catalana. Posteriormente realizó la especialidad de Cardiología, aunque su trayectoria profesional estuvo ligada principalmente a la medicina general y de familia.
Ejerció en el Hospital de Santa Tecla, en el CAP Jaume I y en la Clínica Monegal, compatibilizando la sanidad pública con la práctica privada. Fue el médico de confianza de miles de familias en una época en la que las consultas no tenían reloj, las visitas a domicilio eran habituales y conocer al paciente significaba conocer también su historia, sus preocupaciones y su entorno. En la última etapa de su carrera abrió un pequeño consultorio privado, una iniciativa que afrontó más por ilusión personal y que apenas duró unos años.
Quienes trabajaron junto a él destacan su extraordinaria capacidad para realizar diagnósticos. Era un médico observador, meticuloso y con un extraordinario bagaje de conocimientos clínicos. Esa excelencia profesional se trasladó también a las aulas, donde ejerció como profesor asociado en la Facultad de Medicina de la Universitat Rovira i Virgili, dejando un recuerdo imborrable entre numerosos estudiantes que encontraron en él un ejemplo de rigor y vocación.
Su dedicación fue reconocida oficialmente en 2016, cuando el Colegio Oficial de Médicos de Tarragona le concedió el título de Colegiado Honorífico, una distinción reservada a profesionales con una trayectoria ejemplar, años de servicio y una dedicación incuestionable a la profesión médica.
Pero el doctor Medrano fue mucho más que un excelente médico. Era un hombre profundamente culto, curioso e inquieto. Un auténtico humanista. Disfrutaba de la literatura y de la poesía, hasta el punto de publicar dos recopilaciones de poemas, Ai Santi! I y Ai Santi! II, títulos inspirados en una expresión cariñosa familiar. También cultivó la pintura, recreando obras inspiradas en Picasso, y la composición musical. Entre sus creaciones destaca la habanera Mare Nostrum, que todavía hoy forma parte de las celebraciones estivales de la urbanización Mare Nostrum, en la playa de la Arrabassada, donde la familia pasaba los veranos.
La música ocupó un lugar muy importante en su vida. Fue precisamente cantando en el Cor Al·leluia donde conoció a Maria Dolors Martorell. De aquella afición compartida nació la historia de amor que daría lugar a una gran familia con seis hijos y diez nietos, de la que nunca dejó de sentirse especialmente orgulloso y a quien demostró siempre una estima incondicional.
Pese a sus múltiples intereses, nunca fue una persona dada a los grandes viajes. Su mundo transcurría entre el piso familiar de la Rambla Nova, donde vivían, y los apartamentos de la playa de la Arrabassada a los que se desplazaban para disfrutar del verano. Prefería disfrutar de los pequeños placeres cotidianos: leer, escribir, pintar, cantar, jugar al tenis o al squash, y resolver juegos de lógica y de ingenio, convencido de que mantener activa la mente era también una forma de cuidar la vida.
Precisamente por ello resultó especialmente cruel que la enfermedad afectara a esa parte de su personalidad. Un cáncer con afectación cerebral deterioró progresivamente sus capacidades cognitivas durante los últimos meses de su vida.
El Dr. Santiago Medrano falleció el 13 de junio de 2026, a los 81 años. Su desaparición dejó una profunda huella entre compañeros de profesión, alumnos y, sobre todo, entre los miles de pacientes que durante décadas encontraron en él no solo un médico de referencia, sino una persona cercana, íntegra y siempre dispuesta a ayudar.
Hombre entregado a su profesión y a su familia, su legado permanece en el recuerdo de quienes aprendieron de él, en los pacientes a los que acompañó durante tantos años y en el ejemplo de una forma de ejercer la medicina en la que el conocimiento científico caminaba siempre de la mano de la humanidad.
Por Álex Saldaña
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