Enric Sánchez Cid

El Col·legi de Metges de Tarragona lamenta profundament la seva mort. La Junta de Govern del COMT vol transmetre el seu condol als familiars i amics.

Hablar del doctor Enric Sánchez Cid es hablar de uno de los grandes pioneros de la ginecología moderna en Tarragona. Pero también es hablar de una personalidad difícil de encerrar en una única profesión. Médico, sí, y ginecólogo por encima de todo, pero también aventurero, deportista, cineasta, navegante, escritor y dibujante. Una combinación que convirtió su trayectoria profesional y vital en algo mucho más amplio que el ejercicio de la medicina.

Nació en Portbou el 26 de mayo de 1928. Fue el mayor de los dos hijos que tuvo el matrimonio formado por Delfí Sánchez, farmacéutico, y Enriqueta Cid, ama de casa. Su infancia quedó marcada por la tragedia. La Guerra Civil le sorprendió cuando apenas tenía ocho años. El 19 de julio de 1936, su padre fue asesinado por su propio meritorio de farmacia, miembro de la FAI, y la familia tuvo que enfrentarse a la nueva realidad como pudo. Finalizada la guerra, su madre alquiló la farmacia a otro farmacéutico amigo y comenzó a trabajar como secretaria del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona.

Aunque su madre quería que Enric estudiara Farmacia para seguir con el negocio familiar, él prefirió la Medicina, dejando la farmacia para su hermano. Cursó la carrera en la Universidad de Barcelona, en el Hospital Clínic, compaginando los estudios con el trabajo como alumno pensionado en diferentes centros médicos y quirúrgicos.

En 1952 obtuvo la licenciatura en Cirugía, Obstetricia y Ginecología, aunque su formación médica fue diversa. Se formó como cirujano y urólogo en la Clínica Puigvert y completó su preparación obstétrica y ginecológica junto a algunos de los referentes de la época: el profesor Conill Serra, el doctor Vendrell en la Lactancia de Barcelona, la Clínica Dexeus y el Hospital de Toulouse, donde trabajó en el servicio del profesor Pontonier. También tuvo como referencia al profesor Bedoya de Sevilla. Su curiosidad profesional le acompañó durante toda su vida y le llevó a continuar estudiando y actualizándose de manera constante y a participar en numerosos simposios y congresos.

En 1955 llegó a Montblanc, contratado como ginecólogo y cirujano de urgencias de la Clínica Montserrat. Allí un mismo profesional podía realizar intervenciones muy diversas: gastrectomías, colecistectomías, apendicectomías, herniorrafias, histerectomías, cesáreas o partos. Y es que en aquel Montblanc de los años cincuenta, ser médico significaba mucho más que atender una consulta. Significaba estar disponible, conocer a las familias, acompañar enfermedades y nacimientos y formar parte de la vida cotidiana de una comunidad. Enric lo hizo durante años.

Cuando en 1959 los propietarios decidieron cerrar la Clínica Montserrat de Montblanc, Enric Sánchez Cid puso en marcha una pequeña clínica de siete camas, la Clínica de la Verge de la Serra.

Dos años después, en 1961, abrió consulta en Tarragona, donde, además, ejerció en los hospitales de Santa Tecla, Joan XXIII y de la Cruz Roja, donde fue jefe de Ginecología. Se convirtió en el primer ginecólogo de la época moderna en la ciudad. Hasta entonces, buena parte de las intervenciones ginecológicas eran realizadas por cirujanos generales y los partos se atendían habitualmente en los domicilios, con las comadronas como principales protagonistas y con la intervención médica cuando aparecían complicaciones. Sánchez Cid introdujo una nueva filosofía asistencial. Defendió el control médico durante toda la gestación y la presencia personal del ginecólogo en todos los partos, también en aquellos considerados normales. Esa relación ayudaba a crear un ambiente relajado y de confianza. La implantación de esta nueva forma de asistencia contribuyó a una espectacular reducción de la morbimortalidad fetal y materna.

Su carácter innovador se extendió a diferentes ámbitos de la práctica ginecológica. Fue el primero en Tarragona en utilizar el vacuum extractor, la ventosa, como ayuda durante el período expulsivo del parto y fue también pionero en la aplicación de técnicas destinadas a reducir el dolor durante el parto, en las incisiones transversales de Pfannenstiel para las intervenciones abdominales, en las revisiones ginecológicas orientadas al control mamario y uterino y a la prevención o diagnóstico precoz del cáncer, y también en el control de la natalidad mediante la píldora anticonceptiva. Su nombre quedó ligado a la modernización de la ginecología en Tarragona.

Su entrega era de tal magnitud que cuando le conoció el Dr. Jaume Fontanet, con quien colaboraría profesionalmente durante treinta años, Enric Llevaba diez años sin tomarse unas vacaciones. “Era el único de Tarragona que asistía de esa forma a las embarazadas”, cuenta el Dr. Fontanet.

Pero su influencia no se limitó a la asistencia a sus pacientes. Su carácter integrador y su voluntad de compartir conocimientos con otros profesionales le llevaron a crear, en 1973, el Club Ginecológico Tarragona-Reus. La iniciativa permitió que un grupo de ginecólogos de ambas ciudades se reuniera periódicamente para intercambiar experiencias, comentar los avances de la especialidad y compartir opiniones sobre los casos más complejos. “Enric Sánchez Cid invitó, por parte de Tarragona, a Ramon Monegal, a los Sentís, aunque el padre denegó la oferta, y al Dr. Arriola, de la Monegal, además de él y yo –recuerda el Dr. Jaume Fontanet–. Y de Reus estaban el Dr. Caballé, del hospital, y Pont, que tenía una clínica privada. Luego se fueron sumando más médicos, hasta llegar a 14 o 15. Nos reuníamos una vez al mes, cambiábamos impresiones, poníamos en común conocimientos y experiencias y cenábamos. El lema era ‘Amigos antes que médicos’. Y este club aún existe, después de más de 50 años”, destaca con orgullo Jaume Fontanet.

Esa capacidad para conectar con los demás explica también el profundo arraigo que alcanzó en Montblanc. Allí, además de ejercer la medicina y poner en marcha una clínica, participó activamente en la vida del municipio. Fue regidor de Cultura y teniente de alcalde del Ayuntamiento, presidente del Casal Montblanquí y socio fundador del Museu-Arxiu de Montblanc.

Porque Enric Sánchez Cid nunca pareció conformarse con una sola vida. La medicina, pese a la pasión y la entrega con que la ejerció, no fue suficiente para llenar sus días. Siempre necesitó otros caminos por los que canalizar su curiosidad y su creatividad. Así, su actividad profesional y asociativa convivió con otras grandes aficiones, entre las que ocuparon un lugar muy importante el dibujo, la escritura, el cine, el ciclismo y la navegación.

Dibujar fue una de sus grandes pasiones. Resulta prácticamente imposible contabilizar todos los dibujos que ha realizado a lo largo de los años, repartidos generosamente entre familiares, amigos y conocidos.

La escritura fue otra de sus grandes compañeras. Su producción incluye diez libros publicados y más de 80 trabajos reunidos en diferentes formatos.

El cine fue otra de sus grandes aventuras. Buena parte de su producción cinematográfica pertenece a su juventud. Además de las películas familiares, en 1956 rodó El hombre de los dos CV, su primera película, a la que seguiría El sueño de Mare-Elvi. Pero fue con Vía 4, tren destino a Montblanc cuando se consagró como director aficionado, productor y guionista.

El ciclismo y la navegación completaban el círculo. Recorrió Cataluña en bicicleta y navegó con su velero por las costas catalanas y baleares. Su espíritu aventurero le llevó también a la montaña y consiguió coronar el Mont Blanc –el techo de Europa–.

En el ámbito familiar, su vida estuvo marcada por los vínculos. Contrajo matrimonio con Andrée Bonet Ducros, su primera mujer, con la que tendría dos hijos, Enric y Anna. Tras separarse, en su vida hubo otras mujeres que lo acompañaron durante diferentes etapas. Hasta que conoció a Teresa Aluja Freixes, natural de Sarral y diplomada universitaria en Enfermería del Laboratorio Clínico del Hospital de Sant Pau i Santa Tecla, con quien se casó en 1991 y con quien compartió su vida hasta el final. La familia se prolongó con cuatro nietos y seis bisnietos.

Una trayectoria tan extensa y variada mereció numerosos reconocimientos por parte de diferentes instituciones, entre ellos la medalla Joan Enric Dunant de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Española. También el propio Colegio Oficial de Médicos de Tarragona quiso reconocer su labor en 2014, cuando le concedió la Creu de Sant Cosme i Sant Damià, su máxima distinción, por su «gran y dilatada trayectoria profesional i humanista» y por sus valores, considerados ejemplares.

Pero quizá los reconocimientos que mejor explican quién ha sido Enric Sánchez Cid no sean los que figuran en una vitrina. Son los recuerdos de quienes compartieron con él una consulta, una operación, una reunión, una película, una excursión en bicicleta, una travesía en barco o, simplemente, una conversación.

Quizá por eso, cuando se repasa la trayectoria de Enric Sánchez Cid, fallecido el 16 de agosto de 2026 en Tarragona, cuesta encontrar una sola palabra que pueda definirlo. Médico, sí. Pero también escritor, dibujante, cineasta, ciclista, navegante, impulsor de asociaciones, concejal, profesor y, sobre todo, una persona movida por una curiosidad inagotable.

El doctor Jaume Fontanet, que lo conoció en diciembre de 1966 y mantuvo con él una colaboración profesional durante tres décadas, además de una amistad que continuó hasta el final, fue quien mejor resumió esa personalidad poliédrica. Lo definió como “un hombre emprendedor, ilusionador, creador, trabajador, tozudo, rebelde”, características que resume en “un buen médico, una buena persona”. Una definición que concuerda con la que apareció en su esquela: “Buen amigo, buen médico y gran persona”.

Por Álex Saldaña


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